Navidad 2016

Carta Circular del Superior General

 

Navidad 2016

“Y dio a luz a su hijo primogénito” (Lucas 2,7)

 

A Todos los Miembros de la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

 

 

Mis queridos Hermanos, Colaboradores, Voluntarios y amigos:

 

Nos acercamos a la Navidad y quiero enviaros mi felicitación con el deseo sincero de que el Niño Dios nazca en cada uno de nuestros corazones e ilumine con su luz las sombras de nuestro mundo que con frecuencia llenan de sufrimiento la vida de muchas personas.

 

El Evangelio de la Misa de medianoche del día de Navidad dice que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Era el momento señalado por Dios para encarnarse, para iluminar las tinieblas, para nacer y dar vida cuando parece que ésta languidece, para llenar el mundo de esperanza. Fiel a su estilo quiso nacer pobre, como los más pobres, fuera de la localidad y de la casa de José y de María, en un establo de Belén, en la periferia, sin ser advertido por los grandes de este mundo. Allí dio a luz María, allí se alumbró la nueva la vida y entre el frio y la noche, irrumpió la alegría de sus padres, la de los pastores que oyeron el anuncio de los ángeles y la del pueblo que necesitaba y sigue necesitando la llegada del Salvador. ¡Acojámoslo con júbilo!, porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres (Tito, 2,11).

 

¡Dar a la luz un hijo!. Qué expresión tan bonita, sobre todo qué experiencia tan maravillosa que sucede cada día y que significa alumbrar la vida, dar continuidad a la misma, vislumbrar nuevas posibilidades y esperanzas para los padres que la han engendrado y también para la sociedad y el mundo del que formará parte el nuevo ser. Llena de alegría la casa y cambia la vida de los progenitories, haciendo fructificar y llenando de sentido su existencia. Cada vez que nace un niño y una niña se hace realidad el amor de Dios, generador de la vida. Se hace memoria de la Navidad, porque nace un nuevo ser, amado y querido por Dios, un hijo de Dios, que aunque sea abandonado incluso por sus padres, Dios no lo abandonará jamás.

 

En las Obras Apostólicas de la Orden se asiste a una diversidad grande de personas enfermas, vulnerables y necesitadas. Existen también en muchos de nuestros Centros Unidades donde nacen cada año miles y miles de nuevos seres humanos. A modo de ejemplo y solo en Roma cada año ven la luz más de ocho mil bebés en los dos Centros que la Orden tiene en la ciudad. Cuando lo pienso y cuando lo veo, me llena de gozo saber que nuestras Casas son espacio de alegría para tantos padres  y de nueva vida para tantas personas. Nuestras Maternidades representan al lugar de Belén donde nació el Señor y que siempre hemos de tener bien preparado, bien organizado y bien atendido para que, a diferencia de lo que le ocurrió al Niño Jesús, los padres y los nuevos seres que llegan, sean acogidos con la hospitalidad y el amor que el mismo Dios les tiene.

 

Por desgracia las cosas no siempre son así. Muchas veces los niños concebidos no llegan a ver la luz, por diversas razones. Otros muchos que llegan a nacer lo hacen en condiciones sociales de pobreza extrema y les espera una existencia muy dificil porque sus padres no pueden darles lo necesario; incluso muchos son abandonados. Es necesaria una mayor conciencia social y más responsabilidad por parte de todos para que quienes son concebidos vean la luz y puedan desarrollarse y vivir dignamente. Con todos ellos y con los padres en dificultades se solidariza el Niño de Belén, que también nació en condiciones difíciles, y a los padres les llama a acoger con amor a sus hijos, como lo hicieron José y María.

 

Muchos niños y niñas nacen con dificultades de salud, también en nuestras Maternidades. Por eso es necesario estár preparados para acoger la nueva vida en esas circunstancias,  acompañar a los padres y darles la mejor asistencia médica, psicológica y espiritual. Ellos y quienes me refería en el párrafo anterior, son hijos predilectos del Señor. Sus vidas son causa de alegría para Él y con ellos se solidariza el Niño Jesús, para gozo de los padres, porque su vida tiene un gran valor para toda la humanidad. ¡Gracias a todos los miembros de nuestra Familia que realizáis vuestra misión en los Centros y Unidades Materno Infantiles, por ayudar a nacer la vida en cualquier condición, cuidarla, acompañarla y darle el soporte necesario tanto a los padres como a sus hijos!.

 

¡Es Navidad!. El nacimiento de un niño, el Hijo de Dios, nos trae la alegría y la esperanza, la nueva savia, que renovará el mundo, que hará posible que las cosas cambien, que se superen los sufrimientos, los enfrentamientos y las contradicciones que vivimos. Es el tiempo de alegrarnos con todos los que nacen en cualquier lugar del mundo. Es el tiempo de homenajear a todas las madres y padres que abiertos a la vida, acojen con gozo inmenso a sus hijos. Es el tiempo de solidarizarnos y apoyar sobre todo, a quienes encuentran más dificultades de cualquier tipo, porque a todos quiere el Señor y para todos nace el Niño de Belén.       

 

Deseo para todos, Hermanos, Colaboradores, Voluntarios, Bienhechores y amigos de la Orden, enfermos y asistidos en nuestros Centros, unas felices fiestas de Navidad y un próspero año nuevo 2017. Igualmente para todas vuestras familias. Para todos los Hermanos y Colaboradores que estos días estaréis al servicio de las personas asistidas en nuestros Centros, especialmente el Día de Navidad, mi más sincero agradecimiento y reconocimiento, ya que en esos días seréis el rostro visible de la hospitalidad de San Juan de Dios.  

 

¡En mi nombre y en el de toda la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios de la Curia General,  Hermanos y Colaboradores, os deseo a todos una Feliz Navidad llena de paz  y de esperanza!

 

 

Hno. Jesús Etayo

Superior General 

 

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