
La
Jornada Mundial de la Persona Enferma 2026 nos ofrece una oportunidad para
volver a lo esencial: detenernos ante el dolor y sufrimiento humano; y no pasar
de largo.
En
un mundo marcado por un conjunto de oportunidades y notas valiosas; aunque
también por la prisa, la fragmentación y la sobrecarga de información; el
Mensaje del Santo Padre se presenta como una palabra serena y profunda, capaz
de iluminar nuestro camino no solo en esta Jornada, sino a lo largo de todo el
año.
Somos
invitados a mirar la realidad con los ojos del Buen Samaritano, recordándonos
que Jesús no nos enseñó quién es el prójimo, sino cómo hacernos prójimos.
Detenerse, acercarse, cuidar y permanecer son gestos sencillos, pero
profundamente evangélicos, que devuelven humanidad allí donde el dolor corre el
riesgo de volverse invisible.
Cada
jornada dedicada a la persona enferma nos anima a mirar no solo desde el
diagnóstico, sino desde el corazón, reconociendo que la persona enferma no es
un caso, sino un rostro, una historia y un misterio. En su experiencia de
fragilidad, muchas veces silenciosa, se revela una verdad central de nuestra
fe: en los pobres y en quienes sufren se manifiesta el mismo corazón de Cristo.
Por
eso, la esperanza es un acto humilde y valiente; volver a mirar a Dios cuando
todo pesa, cuando las fuerzas faltan y las respuestas no llegan. Su palabra nos
recuerda que acompañar no siempre significa resolver, sino estar, respetar el
tiempo del dolor y custodiar una dignidad que no depende de la mejora.
Invitamos
a todos a leer y releer el Mensaje del Santo Padre como un faro para este año,
dejándonos inspirar por su llamado a una cercanía concreta, a una compasión
activa y a una fe que se hace presencia viva junto a quienes más lo necesitan.
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/01/20/200126a.html