Logo Sito Ufficiale Fatebenefratelli - Curia Generalizia
Curia Generalizia Fatebenefratelli
Ordo Hospitalarius S. Ioannis de Deo

Via della Nocetta, 263
00164 Roma (RM)
Tel.+39 06 6604981
Tel.+39 06 6637102
info@ohsjd.org

sabato 7 marzo 2026 -  Imposta home -  Aggiungi preferiti
ESP
Home Page> ESP > Archivo Noticias > Actualidad > Solemnidad de San Juan de Dios
Solemnidad de San Juan de Dios
Carta Circular del Superior General


A toda la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

 

Apreciados todos:

 

Celebramos con alegría y gratitud al Señor la fiesta de San Juan de Dios. Nuestro Fundador fue un modelo de hospitalidad para todos, en primer lugar para aquellos que se beneficiaban de su caridad. Su vida fue modelo y estímulo para los religiosos, sus hijos espirituales, y para todas las personas de cualquier condición y clase social de su tiempo, así como también del nuestro. Él vivió en tiempos muy difíciles en los que, además de la pobreza y la miseria —condiciones comunes para la mayoría de las personas—, existían diversos conflictos y fuertes desigualdades sociales. De todo ello tenemos confirmación en la historia, en los testimonios sobre él y en las biografías que nos han llegado. Partiendo precisamente de esta premisa, quisiera intentar decir algo sobre las decisiones que tomó Juan de Dios.

Los tiempos de San Juan de Dios eran difíciles, como también lo son los nuestros. Resulta muy iluminador lo que sostiene San Agustín de Hipona en uno de sus discursos: “¡Son tiempos malos, tiempos difíciles!, se dice. Pero tratemos de vivir bien y los tiempos serán buenos” (80,8). Esta expresión, tan verdadera y profunda, arroja luz sobre las decisiones radicales y proféticas de Juan de Dios. Él vivió en un tiempo lejos de ser mejor que el nuestro; precisamente por ello, su experiencia de hospitalidad, nacida del contacto directo con el sufrimiento humano y sostenida por una profunda fe en Dios, lo hizo capaz no sólo de encarnar de manera radical los valores cristianos, sino también de dar un rostro nuevo a la época en la que estaba llamado a vivir por Cristo, unido a Cristo y totalmente en Él.

San Agustín, con sus palabras, nos ayuda a comprender el camino que siguió Juan de Dios para contribuir a la construcción de un mundo más humano, evangélico y justo. Afirma que la mejora de la condición temporal no depende sólo del contexto externo, sino también del comportamiento y de las acciones de las personas. “Tratemos de vivir bien” es una invitación a actuar con principios éticos, integridad y respeto mutuo. Es un llamado a la acción para cambiar la manera en que nos relacionamos unos con otros y con el mundo. Además, al decir “los tiempos serán buenos”, quiere afirmar claramente que nosotros somos “los tiempos”. Esta afirmación es particularmente poderosa: subraya que los “tiempos” no son entidades abstractas, sino el resultado de las decisiones y acciones de las personas. Cada individuo tiene un papel al determinar la calidad del tiempo presente. Si los hombres viven bien, contribuyen a crear un contexto mejor para todos.

Apreciados todos, he recordado estas expresiones de San Agustín como una invitación a mirar dentro de nosotros mismos y reconocer los recursos humanos, espirituales y “carismáticos” que tenemos para determinar nuestra realidad. El tiempo de “crisis” que estamos viviendo nos exige un gran esfuerzo de cambio; es fácil caer en la tentación de atribuir la culpa a factores externos. Debemos recordar que somos nosotros, con nuestras acciones cotidianas, quienes modelamos el mundo en el que vivimos. Vivir bien, promover valores de justicia, respeto, calidad, empatía, espiritualidad y responsabilidad social son acciones que pueden influir positivamente en la sociedad y en la realidad en la que estamos llamados a actuar.

Durante el encuentro con los Superiores Provinciales el pasado octubre recordaba que vivimos en un mundo en rápida evolución y a menudo desorientado, y que nuestra Orden Hospitalaria está llamada a permanecer como signo vivo de la misericordia de Dios: una casa abierta donde todos, independientemente de sus heridas o fragilidades, puedan encontrar acogida, escucha y consuelo. Los cambios radicales que atraviesa nuestra sociedad —sean políticos, económicos, ambientales, culturales o espirituales— podrían desanimarnos o llevarnos a encerrarnos en nosotros mismos.

Sin embargo, es precisamente en estos tiempos de incertidumbre cuando nuestra vocación a la hospitalidad adquiere todo su significado. Expandir la hospitalidad significa elegir amar, creer y esperar a pesar de todo. Es negarse a dejar que el miedo, el cansancio o la resignación tengan la última palabra.

San Juan de Dios nos enseña una hospitalidad del corazón: aquella que comienza mirando al otro como un hermano. Aquí reside el primer milagro: reconocer en cada persona —enferma, pobre, exiliada, colaboradora, hermano anciano o joven en formación— el rostro de Cristo sufriente y amoroso. Es esta actitud interior, hecha de humildad y respeto, la que fundamenta nuestro modo de estar en el mundo para ser presencia de esperanza.

Hoy vivimos en contextos muy variados en cuanto a cultura y religión. Son muchos los desafíos que nos esperan. San Juan de Dios nos enseñó a vivir cada contexto como una oportunidad que Dios nos ofrece para cuidar y evangelizar, o mejor dicho, evangelizar cuidando. El carisma de San Juan de Dios brota del Evangelio de la Misericordia; por ello no podemos renunciar a nuestra misión ni siquiera en ambientes más refractarios. Necesitamos descubrir las potencialidades de nuestro carisma para responder a los desafíos de nuestro tiempo. Sentimos la necesidad de un serio discernimiento para no correr el riesgo de un enfoque de la hospitalidad puramente horizontal que podría oscurecer la dimensión de la gracia que vive en el don de la Hospitalidad. Las estructuras podrían desaparecer, pero no la santidad del carisma que las hizo florecer. El verdadero apego no es al espacio, sino a la vida carismática vivida en ese contexto. Cuando el carisma se vive plenamente como un fuego de caridad, se puede transmitir a otros lugares, de nuevas formas, nuevos espacios y nuevas oportunidades.

Siguiendo con lo anterior, quisiera recordar un ejemplo concreto de evangelización de nuestro Padre Juan de Dios. Testigos cuentan que un día entró en el Albaicín (barrio árabe) de Granada; muchos moros se le acercaron y le dijeron: “Dinos, buen hombre, ¿qué milagros hizo tu Cristo?”. Y el hombre de Dios respondió: “No es milagro pequeño, sino grande, que no me haya alterado todavía con vosotros y que no haya perdido la paciencia, porque así me lo manda Cristo mi Señor, mientras vosotros me tratáis tan mal y me dirigís tantas injurias”[1]. Este relato tan significativo nos impulsa a vivir nuestra presencia allí donde estamos llamados a vivir la Hospitalidad como testigos creíbles del mensaje que anunciamos con nuestra misión.

Cada uno de nosotros está llamado a vivir su tiempo en un lugar, a hacer de la propia vida un tiempo entregado con amor, para que lo nuevo que queremos crear sea el tiempo de Dios, en el cual su Reino pueda seguir haciéndose presente, cuidando a los enfermos, asistiendo a los pobres, incluyendo a los marginados y compartiendo las alegrías y los sufrimientos de la humanidad.

Querida Familia Hospitalaria, con esta carta deseo recordar que este año se celebra el aniversario de la proclamación de San Juan de Dios y de San Camilo de Lelis como santos Patronos de los Hospitales y de los enfermos. El 27 de mayo de 1886, la Sagrada Congregación de Ritos promulgó el Decreto Inter omnigenas virtutes, con el cual reconocía el especial patronazgo; y el 22 de junio de 1886, el Papa León XIII, con su suprema autoridad apostólica, reafirmó solemnemente la proclamación mediante el Breve Dives in misericordia.

Han pasado ciento cuarenta años desde aquel acontecimiento histórico, que queremos recordar no sólo para hacer memoria de un hecho del pasado, sino para reavivar nuestra vida como personas dedicadas a la Hospitalidad, conscientes de que sólo el Espíritu Santo puede mantener constante la frescura y la autenticidad de los inicios carismáticos e infundir el valor de la iniciativa y la creatividad para responder a los signos de los tiempos.

Como cada año, aprovecho la ocasión para informar a toda la Familia Hospitalaria acerca del resultado de la Campaña 2025 dedicada a la “Asistencia domiciliaria y apoyo a las personas que huyen de la guerra en Drohobyč (Ucrania)”. Los esfuerzos de todas las Provincias de la Orden, nos han permitido recaudar 307.212 euros; también unidos en la condena del horror de la guerra —que lamentablemente continúa— y en la voluntad de sostener a los hermanos, voluntarios y laicos que incansablemente han buscado y siguen buscando dar esperanza a tantos que sufren física y psicológicamente. Agradezco la generosidad y sensibilidad de todos.

Para este año 2026, la Campaña anual de solidaridad estará destinada al continente americano, con un proyecto orientado a “Mejorar el acceso y la calidad de la atención en salud mental en Honduras”. Este proyecto se inserta plenamente en las Declaraciones del sexenio, con las que he invitado a toda la Orden a “reforzar especialmente la atención de la salud mental, sobre todo a nivel comunitario y a estar preparados y disponibles para responder a las nuevas necesidades sanitarias y sociales”.

Invocamos la intercesión de San Juan de Dios y de nuestro Hermano mayor San Rafael Arcángel para que nos ayuden a vivir con renovada fidelidad la misión que nos ha sido confiada como Familia de San Juan de Dios.

Reciban todos mi cordial y fraterno saludo; para que puedan vivir y celebrar la fiesta de San Juan de Dios como una ocasión para reavivar el don de la Hospitalidad que gratuitamente hemos recibido.

 

Hno. Pascal Ahodegnon, O.H.

Superior General

 

 



[1] Fr. José Luis MARTÍNEZ GIL, O.H., Proceso de beatificación de San Juan de Dios, Madrid, BAC, 2006, cf. question 29, p. 21.

Sito Ufficiale Fatebenefratelli - Curia Generalizia - Ver. 1.0 - Copyright © 2026 Fatebenefratelli - Powered by Soluzione-web
Valid HTML 4.01 Transitional Valid CSS! Level Double-A conformance icon, W3C-WAI Web Content Accessibility Guidelines 1.0