
Hay gestos en la historia de la Iglesia que, aunque vinculados a un momento concreto, siguen iluminando el presente. Entre ellos se encuentra el Breve con el que, en 1886, León XIII proclamó a San Juan de Dios y a San Camilo de Lellis patronos universales de los hospitales y de los enfermos.
No se trató de un simple reconocimiento devocional, sino de la afirmación de una verdad profundamente arraigada en el Evangelio: el cuidado de los enfermos constituye uno de los ámbitos privilegiados en los que se manifiesta el rostro de la Iglesia. Resultan emblemáticas las palabras con las que se inicia el Decreto, promulgado el 27 de mayo de 1886 y preparatorio del Breve de León XIII: «Inter omnigenas virtutes, quibus Catholica praefulget Ecclesia, caritas eminet», para indicar la centralidad de la caridad entre las virtudes eclesiales.
El contexto histórico y la proclamación del patronato
En 1886, la propuesta inicial partió del cardenal Guglielmo Sanfelice, presbítero de la Iglesia de Roma, con motivo de la celebración del tercer centenario de la aprobación de la Orden de los Camillianos, que había sido concedida por Sixto V el 18 de marzo de 1586.
Al mismo tiempo, el cardenal Lucido Maria Parocchi, vicario de Roma y cardenal protector de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios entre 1884 y 1899, propuso asociar a San Juan de Dios con San Camilo, como fundadores de las dos órdenes hospitalarias más importantes.
La iniciativa obtuvo un amplio consenso eclesial por parte de cardenales, obispos y fieles.
La petición oficial fue remitida a la Congregación de los Santos Ritos por el P. Giovanni María Alfieri, Superior General de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, y por el Vicario General de los Padres Camillianos, el P. Gioacchino Ferrini. El cardenal Mieczysław Ledóchowski, secretario de los Breves Apostólicos, recogió dichas peticiones y las sometió a la Congregación de los Santos Ritos, la cual, el 15 de mayo de 1886, tras escuchar el dictamen de monseñor Agostino Caprara, promotor de la Fe, se pronunció a favor de la concesión y emitió el decreto el 27 de mayo de 1886: «Pro gratia concessionis Sanctorum Camilli de Lellis, et Ioannis de Deo in Patronos pro omnibus Hospitalibus et Infirmis ubique degentibus…».
La decisión fue ratificada posteriormente, poco menos de un mes después, por León XIII mediante el Breve apostólico Dives in misericordia, el 22 de junio de 1886, que confirió a la medida carácter universal. De este modo, los dos santos fueron reconocidos oficialmente como patronos universales de todos los hospitales y de todos los enfermos, y sus nombres se incluyeron en las letanías de los agonizantes, tras el nombre de San Francisco, como confirmación de la importancia espiritual de su culto: «…y la inclusión en las Letanías de los moribundos de los nombres de San Camilo y San Juan de Dios, tras el nombre de San Francisco».
En los meses siguientes, este reconocimiento se materializó también dentro de la Orden. De hecho, el P. Giovanni Maria Alfieri, mediante una carta circular del 29 de enero de 1887, invitó a vivir con especial solemnidad la fiesta de San Juan de Dios. El 8 de marzo de 1887 se celebró oficialmente la proclamación del patronato en la iglesia de San Giovanni Calibita, con la distribución de un folleto impreso que contenía el Decreto del 27 de mayo de 1886 y el Breve del 22 de junio de 1886.[1] .
Este reconocimiento se consolidó aún más en la liturgia y en la práctica eclesial, hasta que, en 1930, Pío XI lo extendió a los enfermeros y a sus asociaciones.
La caridad como forma histórica de la misión eclesial
Desde sus orígenes, la tradición cristiana se ha caracterizado por una presencia activa en los lugares del sufrimiento. En este contexto se sitúan las figuras de San Juan de Dios y San Camilo de Lellis, reconocidos por la Iglesia como testigos eminentes de una caridad vivida hasta la entrega total de sí mismos. El Decreto resume eficazmente su testimonio: «pari caritatis ardore succensi, animam suam pro aegrotantium salute ponere non dubitarunt» (ambos, animados por el mismo ardor de caridad, no dudaron en entregar su vida por la salvación de los enfermos).
Ambos compartieron una misma orientación existencial: el servicio a los enfermos como lugar de ejercicio radical de la caridad cristiana. Sin embargo, esa tensión común se expresó de manera complementaria.
San Juan de Dios fue promotor de una concepción renovada de la asistencia sanitaria, atenta a la dignidad de la persona y a la realidad concreta de las necesidades, contribuyendo a una verdadera reforma de la hospitalidad. San Camilo de Lellis, por su parte, situó en el centro de la asistencia la dimensión espiritual, en particular en el acompañamiento de los moribundos, poniendo de relieve la inseparabilidad entre el cuidado del cuerpo y la solicitud por el alma.
El Decreto recoge esta complementariedad con una síntesis incisiva: uno se dedica al apoyo espiritual en los momentos extremos, el otro al cuidado del cuerpo sin descuidar la salvación del alma: «[San Camilo de Lellis] alter animas in extremo agone roborat; [San Juan de Dios] alter corporibus medelam praebens animarum quoque salutem curat». Se perfila así una visión integral de la asistencia, en la que la dimensión corporal y la dimensión espiritual están profundamente integradas.
Caridad y doctrina social de León XIII
La reflexión eclesial sobre la caridad, atestiguada por la experiencia de los santos, encuentra una correspondencia significativa en el magisterio de León XIII. El pontífice que en 1886 proclamó a los dos santos patronos universales de los hospitales y de los enfermos es también autor de la encíclica Rerum Novarum (1891), considerada el acto fundacional de la doctrina social de la Iglesia.
En ella se reconoce la caridad como principio imprescindible para el orden de la justicia social, definida como «señora y reina de todas las virtudes»[2]. No se trata de un elemento accesorio, sino de la forma más elevada de la acción cristiana, capaz de orientar las dinámicas sociales hacia el bien de la persona.
Se aprecia, por tanto, una profunda unidad entre el gesto de 1886 y la posterior elaboración doctrinal: ambos brotan de la misma conciencia de las necesidades integrales del hombre —materiales y espirituales— y de la convicción de que sólo la caridad, entendida en su sentido pleno, es capaz de responder adecuadamente a ellas.
En esta línea se inscribe también la enseñanza de san Juan de Dios, quien exhortaba a custodiar la caridad como «madre de todas las virtudes»[3], subrayando su función generadora en el seno de la vida cristiana.
Actualidad del patronato y perspectivas contemporáneas
Más de un siglo después, el título de Patrones de los hospitales y de los enfermos mantiene intacta su actualidad. En un contexto en el que la medicina ha logrado resultados extraordinarios en el plano técnico-científico, pero corre a veces el riesgo de perder de vista la centralidad de la persona, el testimonio de los dos santos sigue ofreciendo criterios de discernimiento.
Este testimonio remite, en particular, a algunas coordenadas fundamentales: cuidar no equivale simplemente a curar; la competencia profesional exige una dimensión humana; la persona enferma no se reduce a su condición patológica.
De ello se deriva un modelo de asistencia que integra competencia, compasión y atención espiritual, devolviendo el protagonismo a la dignidad inviolable de la persona.
Nuestros patronos nos recuerdan que el amor no es un conjunto de buenas intenciones, sino un sentimiento estable que atraviesa el cuerpo para llegar a la fragilidad del otro; al hacerlo, el amor se vuelve creíble y verdadero. El amor verdadero es la encarnación de la compasión que se materializa en acciones concretas de cuidado, acciones y actitudes que manifiestan el amor de Dios hacia todo hombre que sufre en cuerpo y alma.
El título de «Patronos» no sólo representa un recuerdo histórico, sino que constituye una llamada que atraviesa la historia y interpela al presente. San Juan de Dios y San Camilo de Lellis dan testimonio de que la caridad no es un ideal abstracto, sino una realidad activa, capaz de transformar los lugares de sufrimiento en espacios de dignidad, esperanza y auténtica humanidad.
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Bibliografía
P. Francesco Maria RISI, O.H., Bollario dell’Ordine di S. Giovanni di Dio, Roma, imprenta degli Artigianelli S. Giuseppe, 1905.
Fra Giuseppe MAGLIOZZI, O.H., «Los dos santos patronos de los hospitales y de los enfermos», en *Vita ospedaliera*, n.º 5: pp. 70-73, 1986.
Fray Giuseppe MAGLIOZZI, O.H., «San Camilo de Lellis y San Juan de Dios, patronos de los hospitales y de los enfermos», pp. 185-191 en «Pagine Juandediane», Roma, Centro de Estudios San Juan de Dios, 1992.
[1] Archivo General de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios - AGF, Santa Sede. Culto II, XLVII/I/A8, exp. e; AGF, Santa Sede. Breves y Decretos, XLVII/I/B3, exp. II.
[2] LEÓN XIII, Carta encíclica Rerum Novarum, (15 de mayo de 1891), 45.
[3] SAN JUAN DE DIOS, Tercera carta a la duquesa de Sessa, 16.