
Memoria litúrgica de San Agustín
Nuestra Orden Hospitalaria celebra el 28 de agosto, en comunión con toda la
Iglesia, a San Agustín, uno de los grandes Padres de la Iglesia de Occidente.
También nosotros, junto con otras Órdenes religiosas, hemos recibido de la
Iglesia la Regla que él escribió para su primera Comunidad.
San Agustín fue un pastor vigilante y un teólogo de fuerte clarividencia.
Comprendió que la verdadera comunión eclesial se expresa también en la comunión
de los bienes. En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos
cristianos no descuidan el amor hacia los más necesitados: «Vosotros,
observando a vuestros hermanos, sabéis si tienen necesidad de algo; pero si
Cristo habita en vosotros, haced el bien también a los extraños». Esta
puesta en común de los bienes nace, por tanto, de la caridad teologal y tiene
como fin último el amor de Cristo. Para Agustín, el pobre no es solamente una
persona a la cual se le debe ayudar, sino la presencia sacramental del Señor.
San Agustín, llamado el doctor de la gracia, veía en el cuidado de los
pobres una prueba concreta de la sinceridad de la fe. El papa León XIV, en su
Encíclica Dilexi te, escribe: «Una Iglesia que reconoce en los pobres
el rostro de Cristo y en los bienes un instrumento de la caridad, encuentra en
el pensamiento agustiniano una luz segura. Hoy, la fidelidad a las enseñanzas
de Agustín exige no solo el estudio de sus obras, sino también la
disponibilidad para vivir radicalmente su invitación a la conversión, que
incluye necesariamente el servicio de la caridad».
Continuando su reflexión, el Santo Padre recuerda que la compasión
cristiana se ha manifestado de manera particular en el cuidado de los enfermos
y de quienes sufren, hasta el punto de afirmar: «La tradición cristiana de
visitar a los enfermos, lavar sus heridas y consolar a los afligidos no se
reduce simplemente a una obra de filantropía, sino que es una acción eclesial
mediante la cual, en los enfermos, los miembros de la Iglesia tocan la carne
sufriente de Cristo».
Respecto a lo anterior, el Papa cita como modelo a San Juan de Dios, quien
en el siglo XVI, al fundar la Orden Hospitalaria, creó hospitales modelo que
acogían a todos, independientemente de su condición social o económica. Su
célebre expresión «¡Haced el bien, hermanos míos!» se convirtió en un lema para
la caridad activa hacia los enfermos.
Que San Agustín y San Juan de Dios continúen custodiando a nuestra Familia
religiosa, liberándola de toda forma de egoísmo, para hacerla cada vez más
capaz de generar nuevas formas de hospitalidad evangélica, con el fin de
devolver la salud y la dignidad a tantas personas necesitadas.
