Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y Soberana Orden Militar de Malta
un acuerdo interinstitucional
Inicio del noviciado en nuestra Curia General
El sábado 10 de octubre, la
Curia General vivió una jornada de particular intensidad espiritual: la
comunidad acogió oficialmente a cuatro novicios de la Soberana Militar Orden
Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, junto con sus maestros,
que residirán aquí y darán comienzo a su camino de formación, oración y
discernimiento. Participó en la ceremonia Fra John Dunlap, Gran Maestre de la
Soberana Orden, acompañado por los excelentisimos cardenales Gianfranco
Ghirlanda, Patrono de la Soberana Orden, y Silvano Maria Tomasi, Delegado
Especial ante la Soberana Orden. Con ellos estuvieron presentes toda la
Comunidad de la Nocetta y la Comunidad de la Farmacia Vaticana, reunidas para
compartir un momento que marca una nueva página en la vida de ambas Órdenes.
La acogida de los novicios y
de sus maestros se ha vivido como un gesto sencillo y profundo de fraternidad.
La Nocetta se convierte durante los próximos meses en la casa donde los jóvenes
religiosos podrán vivir el silencio, la vida comunitaria y la escucha de la
Palabra, lejos del bullicio y cerca de lo que realmente importa. No es un
encuentro nuevo: se renueva así un vínculo que profundiza sus raíces en la
historia, cuando en 1879 los Caballeros de Malta confiaron a los Hermanos
Hospitalarios de San Juan de Dios su casa de Tantur, en Tierra Santa, unidos
por la misma vocación hospitalaria.
Al término de la ceremonia,
el Superior General, Hermano Pascal Ahodegnon, acompañó al Gran Maestre Fra
John Dunlap a visitar los espacios destinados a la nueva comunidad y a conocer
las estancias que acogerán a los novicios durante su itinerario formativo aquí
en la Nocetta.
En nombre de toda nuestra
Orden Hospitalaria, deseamos a los novicios y a los maestros de la Orden de
Malta, herederos de una tradición que desde hace casi mil años une la vida
consagrada con el cuidado de los enfermos y de los pobres, que vivan una profunda
experiencia con el Señor, en el discernimiento de su propia vocación a través
de una profunda renovación espiritual.







